Blog Taller de Literatura ACE

23 Marzo 2009

PALABRAS DE ORÁCULO, de Víctor Valero

Archivado en: Relato — Etiquetas: — ACE @ 17:24

A mí nadie me va a parar. No hay tiempo que perder, mis proyectos representan siempre algo grande y su consecución apremia. Sé luchar contra las adversidades, y muy tenazmente. Ahora mismo me toca enfrentarme a una de ellas concretada en una tenue voz como procedente del lugar donde se halla el infierno. Es una voz masculina, difusa, apenas inteligible pero suficientemente sonora como para perturbarme ligeramente. No, no me resulta demasiado turbadora, porque mi resistencia es más potente que este estímulo indeseable. Yo puedo con ella. No doblegaré ante una simple voz que me viene desde abajo. Al fin y al cabo, sólo se trata de la radio de mi vecina, que parece ser que no me tiene en consideración, pues ya son dos las ocasiones en que he tenido que llamarle la atención y, si bien ha sido instantáneamente obediente en tales casos, al poco vuelve a reincidir en la misma falta.

Pero yo lucho, tengo que continuar con mi tarea de escritor, estoy obligado a dar forma a lo que está por venir, anticiparme al futuro leyendo esas señales que me llegan como desde arriba. Esta vez, provienen del cielo, pero no son voces, no soy ningún esquizofrénico, ni ningún esquizoafectivo, ni me atenaza trastorno delirante alguno; no sufro, en definitiva, de alucinaciones auditivas… ¡Ni visuales, por dios! ¡Ya basta! yo no padezco ningún trastorno, ni psicótico ni de ninguna otra clase. No sé por qué diablos tengo que insistir tanto en este punto. Yo, simplemente, soy Escritor, y como tal mi deber es ejercer de visionario, y puedo hacerlo, por supuesto que puedo hacerlo, porque para tales desafíos estoy yo perfectamente dotado. Es, como lo llamarían algunos, mi destino. Mi tarea trascendental, matizaría yo.

Soy capaz de intuir en lontananza una forma imprecisa, una vaguedad de contornos ocultos que deberán ser remarcados -que no trazados- por mi pluma, traducidos a lenguaje para que puedan ser conocidos por todo aquel que tenga la fortuna de recalar en mis libros. Oculto. ¡Qué vocablo tan sugerente!, como esotérico, como obscuro, y yo ahí, enfrentado a lo insondable, ante la inmensa y ardua tarea de iluminar con mí don toda esa obscuridad, tan capacitado como estoy para detectar indicios escurridizos, qué digo, casi intangibles, y arrojar como si nada, con esa elegancia tan connatural a mi persona, estas interpretaciones unívocas, límpidas, definitivas, incontestables que solamente alguien de mi altura está llamado a ofrecer… y son pocos los que conozco, diría que ninguno más a parte de mí, honestamente hablando.

Yo soy Escritor, y como tal veo cosas que los demás no ven. No me refiero a cosas físicas como entidades y objetos que no existen en el mundo real, yo no soy ningún esquizofrénico, ningún trastornado, ningún enfermo mental. Hablo de realidades inmateriales. Cuestiones extremadamente sutiles son las que yo me propongo desentrañar, y lo consigo, de eso no cabe la menor duda. Proyecto la sensibilidad de mi mirada allí de donde proceden las señales y comienzo a trazar… No, a remarcar, porque yo no pongo nada de mi parte en la generación de esa realidad, ésta es la que es, y mi tarea se reduce a hacerla visible, a delinearla con la máxima fidelidad, a captarla con mi pluma tal como ella es en sí misma.
Es frágil, huidiza y notablemente tímida, yo siempre me aproximo a ella con gran mimo, no resulta fácil hacerla una primera caricia; cuando siente la ternura de mi tacto reconoce a este respetuoso escritor que soy y entonces sabe que no va a ser engañada, al contrario que hacen otros. Por eso ella no se deja acariciar tan fácilmente: porque la falsifican. Sí, ella conoce -y padece no saben cómo- la inclinación de la gente por falsearla, por serle infiel, por decir cosas de ella que no son ciertas, y lo lamenta en lo más profundo de su Ser. Su Ser, su En Sí Mismo, qué cosa tan pura, y cómo me mira cuando lo hace de frente… Me tiene completamente seducido, y por eso no puedo dejar de serle fiel, hablar de ella tal como a ella le gusta, no porque me deshaga en halagarla, muy al contrario: decir con obsesiva exactitud lo que ella es, describirla, eso es sencillamente lo que hago. Ella no escatima en dedicarme toda suerte de gestos y señales, de darme las indicaciones más precisas para que me aproxime cada vez más a su retrato perfecto. En infinitas formas le gusta a ella encarnarse, pero no materialmente, cuidado, sino hacerlo en un sentido espiritual, concretarse en conceptos y teorías que algún día serán conocidos por todos… pero solamente un privilegiado como yo podrá anticipadamente deleitarse con ese espíritu concretado que ha salido a pasearse, para mi regocijo, entre los circuitos neuronales con que lo pienso.

Es por eso que puedo asegurar que nadie se equivoca al llamarme oráculo, con lo que quieren decir que soy un gran escritor. Yo nunca sé, al principio, a qué clase de ser informe me estoy enfrentando, lo sé sólo después de un tiempo, cuando ya deja de manifestarse como esa entidad sombría y sin contornos que era para perfilarse, con la impagable destreza de mi pluma, en una de esas infinitas formas concretas que toma esta realidad que yo tanto amo. Pasión por conocerla y retratarla, eso es lo que me moviliza. Con verdadera entrega me doy a la escritura de su ser, esculpiendo a cada línea, con cada fragmento de texto, escrupulosamente todos y cada uno de sus rasgos. Ella se dejará ver algún día para el que la quiera mirar, y para el que no lo quiera, también. Esa realidad concreta se impondrá para todos cuando llegue su momento. Sin embargo, al ser mi tarea adelantarme a los acontecimientos, yo podré conocerla antes que nadie, y aquel que por feliz coincidencia abra a tiempo el libro donde haya yo atrapado con palabras mis visiones podrá asimismo asombrarse de lo que está por venir y salir beneficiado en igual medida que yo, por el simple hecho de tener conocimiento por anticipado del mismísimo futuro.

Porque si lo que viene es un horror, si amenaza con ser insoportable lo que viene, jugaremos con ventaja al poder programar nuestra huída antes que ninguno.

3 comentarios »

  1. Hola, quería decirte que tú relato me parece interesante, aunque no me queda claro si ese soliloquio, esa reafirmación de lo que eres a quien va dirigida.
    Un saludo

    Comentario por Javier — 23 Marzo 2009 @ 19:50

  2. Hola Javier,
    Bueno, eso es algo que queda abierto. Según lo veo yo, no parece que se dirija a nadie, más bien da la impresión de estar escribiendo en algún diario u otro lugar donde anote sus reflexiones… o sus delirios. A mí me parece que lo que quiere el personaje es mostrar lo importante que es para él ser escritor -en caso de que lo sea realmente- o jugar consigo mismo a ser escritor, impulsado, quién sabe, por algún delirio o algo así -en caso de que sea, sencillamente, un trastornado mental, que es otra de las posibilidades sugeridas-. Y, sobre todo, también intenta mostrar, a su manera un poco grandilocuente y arrogante, cuál es su idea de ser escritor –independientemente de si lo es o no realmente-. Por cierto, que esa idea ambigua, confusa e incompleta que el personaje intenta desarrollar no la comparto yo con él ni mucho menos; yo mismo creo que no tengo muy claro qué es ser escritor, quizá por eso quise explorar una idea –por lo demás, un poco excéntrica- acerca de ello, para intentar aclararme un poco al respecto, aunque no me haya servido de mucho.

    Comentario por Víctor Valero — 27 Marzo 2009 @ 17:03

  3. Llamo literatura “íntima” a estas clase de literatura en la que el escritor cuenta sus vivencias, en definitiva, nos cuenta su vida. Y le doy este adjetivo porque. si el autor n no es uno de los pocos genios que en el mundo han sido, estos relatos sólo interesan a los amigos más íntimos (y por supuesto, al protagonista).Para los lectores del común, carecen de interés. bastante tenemos ya con nuestras pequeñeces como para añadir las ajenas.

    Comentario por Criticón ACE — 5 Mayo 2009 @ 8:45

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