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¿Tiene aún el libro futuro? | Una reflexión de Nina George

por Redacción ACE
A partir de las consecuencias económicas que  la crisis de la Covid  19 está teniendo sobre el sector del libro en Europa según el Informe-Encuesta del Consejo Europeo de Escritores (EWC), su Presidenta, NIna  George, escribe para Acescritores.com un riguroso artículo  en el que muestra una realidad  nada alejada de la realidad de nuestro país. La traducción del alemán es obra de Carlos Fortea.

© NINA GEORGE
Presidenta del Consejo Europeo de Escritores-EWC

Las consecuencias de la crisis de la Covid-19 y las medidas tomadas serán muy gravosas para todo el sector del libro, así como para autores y traductores, según los resultados de la encuesta efectuada por el EWC entre 33 asociaciones de escritores y traductores de 24 países. ¿Qué puede hacer Europa, qué pueden hacer los distintos países, qué puede hacer cada sociedad, para preservar para las futuras generaciones la diversidad, el conocimiento y el valor de los libros?

La situación es grave… para el sector del libro, y al mismo tiempo para todo el mundo y para sus anteriores estructuras, para sus costumbres y, sí:  para sus prioridades. Ya no existe el “place to be”, el lugar en el que hay que estar para ver y ser visto. Ya no hay actos en los que “hay que dejarse ver” para anudar relaciones que “impulsen hacia delante”. Incluso ese “delante” está ahora en duda: ¿Dónde está ese “delante”? ¿Allá donde el capitalismo de rapiña ha dejado sus rastros? ¿Allá donde el turismo barato actúa a costa de la Naturaleza y de las persona? Allá donde antaño se proclamó una política de crecimiento disruptivo que ahora tiene que concentrarse en nuevos valores de futuro: en la conservación, la sostenibilidad, la democracia, la inclusión, la protección del medio ambiente y la inversión en un futuro en el que a las jóvenes generaciones y a sus sucesores les va a costar trabajo encontrar su lugar.

El libro vive del encuentro con la gente

Si se mira ingenuamente el escaparate de una librería, la crisis parece tan lejana. Libros… ¿no los ha habido siempre? ¿Acaso no tienen los escritores el oficio más seguro de nuestro tiempo: quedarse en casa y abismarse en sus manuscritos?

Nina George. Presidenta del EWC y autora del artículo

Empecemos por despejar una idea romántica: muy pocos autores y autoras profesionales se ganan la vida con las ventas de sus obras. No son más de entre el 5 y el 7% que publican best-sellers y alrededor de un 10% de autores intermedios. La mayoría de nuestros colegas en el mercado viven de ingresos múltiples como los lectorados, cursos y seminarios, la moderación de actos y mesas redondas, conferencias y clases, la dirección de un club de lectura o de escritura. Otras fuentes de ingresos son las becas, premios e invitaciones a festivales trasnacionales. Muchos escritores y traductores trabajan haciendo informes de lectura, escribiendo críticas o preparando proyectos.

A causa de sus escasas y decrecientes remuneraciones y derechos, y de la persistente debilidad de su posición negociadora, los trabajadores y trabajadoras de la palabra en Europa raras veces consiguen acumular reservas para más de tres o como mucho seis meses. Todos los honorarios se emplean en pagar los gastos corrientes. Los gastos deducibles son pequeños; solo una minoría puede permitirse un local de trabajo que compute como gasto deducible. Su empresa es su cabeza.

La mayoría de nuestros colegas en el mercado viven de ingresos múltiples como los lectorados, cursos y seminarios, la moderación de actos y mesas redondas, conferencias y clases, la dirección de un club de lectura o de escritura.

Esto lleva, en muchos países, a que no puedan disponer de las clásicas ayudas directas. También se caen por los agujeros del sistema social: hay pocos países en los que los autores y traductores, por ejemplo, coticen a la seguridad social (Alemania) o reciban apoyo regular del Estado (Francia).

Pérdidas actuales y esperables

La crisis golpea a autores y autoras con la pérdida de los actos cancelados a menudo por el resto del año. Debido a las medidas sanitarias de protección, librerías y otros centros dejan de poder organizar actos que cubran gastos, y debido a la quiebra del mercado de ventas -¡pérdidas de quinientos millones de euros en seis semanas de crisis, solo en Alemania!- no pueden constituir reservas para cubrir los gastos de organización, honorarios y gastos de viaje de los autores. Aunque en menor medida, también se ven afectados los traductores y traductoras, que comisarian, moderan, organizan actividades, dictan conferencias, dirigen talleres e imparten seminarios.

Partimos, por ejemplo en Alemania, de una base de 30.000 lecturas que no se celebrarán en librerías y casas de la literatura, junto a varios miles de conferencias, mesas redondas, talleres y otras actividades que tenían lugar en bibliotecas, universidades, colegios o residencias y casas de artistas. Se puede partir de forma demostrable de 50.000 actividades canceladas en 2020 y los meses de invierno de 2021.

En toda Europa y en los países que no son miembros de la UE, hay cuatro segmentos del libro especialmente afectados:

  1. Autores y autoras de libro infantil y juvenil, que reciben entre el 50 y el 80% de sus ingresos anuales de lecturas, cursos de escrituras y actividades de fomento de la lectura.
  2. Autores y autoras de género (novela policiaca, entretenimiento culto), que hacen en librerías la mayor parte de las lecturas públicas, con abundante público.
  3. Autores y autoras de libro práctico, que han perdido conferencias y seminarios, talleres y cursos; más de uno de estos autores suele “viajar” dos años con un libro, percibiendo con esto su retribución anual.
  4. Autores y autoras de poesía y de teatro y traductores y traductoras, que se han quedado sin festivales, lecturas, maratones de poesía, mesas redondas y cursos de verano

Así golpea la crisis a largo plazo tanto a autores como a traductores:

  1. El 64% espera sufrir pérdidas por el aplazamiento de la publicación de sus títulos y el retraso resultante de ello en el pago de los próximos anticipos (cuando los hay) y derechos.
  2. Casi el 40% cuenta con pérdidas causadas por los contratos aplazados y el retraso resultante en los anticipos.
  3. Muchos esperan además la anulación de encargos ya apalabrados de obras propias o traducciones, o su renegociación en términos perjudiciales.
  4. Dentro de esa misma lógica, las negociaciones contractuales se endurecerán por parte de las editoriales, y se emplearán las pérdidas del 2020 como argumento para fundamentar en 2021 contratos (aún) más desfavorables para los autores, anticipos o porcentajes de derechos más bajos.
  5. La remuneración por uso electrónico y el ligero incremento de las ventas del e-Book no compensan las pérdidas, al contrario: los modelos de streaming y abono han experimentado un mayor incremento con la crisis, pero con una participación monetaria decreciente de los autores en este segmento de modelos tarifa plana o e-lending.
  6. Los traductores y traductoras se verán afectados en una segunda oleada, cuando las editoriales aplacen sus programas y en consecuencia los reduzcan, de manera que habrá menos encargos de traducción
¿Está en peligro la diversidad y libertad del mundo europeo del libro?

La reducción de los programas, la reducción de los anticipos, y una menor disposición al riesgo y la inversión en nuevas voces y temas limitarán además la diversidad de la literatura y amenazarán los ingresos, de por sí inestables y precarios, de autores y traductores. Preveemos que nuevos autores, voces femeninas y traducciones de lenguas poco conocidas serán quienes tendrán que enfrentarse en el futuro a un acceso al mercado del libro claramente dificultado. La sociedad en su conjunto sufrirá una pérdida de discurso. A menudo los debates empiezan en los libros; exactamente igual que el fomento de la lectura, la transmisión del conocimiento, el impulso de la pluralidad. Todo esto se ha detenido. La caja de resonancia de la sociedad está siendo arrasada.

La posibilidad de actualización del sistema: Se necesita un compromiso político interdisciplinar, en todos los países.

¿Habrá un “después”? ¿O consiste la “nueva normalidad” en vivir con una permanente amenaza de pandemia, y qué significa para las infraestructuras de nuestra anterior cotidianeidad, también en el sector del libro? Las zonas de conflicto de los últimos años son conocidas y se parecen en la mayoría de los países, aunque con distinto grado de dureza, pero todas han llevado a que la crisis nos afecte con más dureza de la que podría haber tenido. Se trata de dinero, valoración y explotación, de la pérdida del valor para mirar a los otros como algo más que meros contenidos de mercado. Se trata de monopolios como Amazon, de violaciones toleradas del Derecho como la piratería. Se trata, una y otra vez, de contratos. Como Consejo Europeo de Escritores, esperamos que una fuerte entrada en vigor del capítulo 3 de la Directiva de Derechos de Autor ayude a los autores a conseguir una remuneración justa, retribuciones transparentes, protección, legitimación de las asociaciones para demandar y la obligación de informar por parte de los comercializadores de derechos.

¿Habrá un “después”? ¿O consiste la “nueva normalidad” en vivir con una permanente amenaza de pandemia, y qué significa para las infraestructuras de nuestra anterior cotidianeidad, también en el sector del libro?

Conocimiento y fe, hechos y ficción, identidad y nueva invención: de todo esto nos hablan los libros, de forma persistente, perdurable, necesaria. No cabe subestimar la importancia que tiene un paisaje del libro diverso y libre. Para cimentar a escala política ese valor, y para invertir en él, el EWC ha desarrollado 37 medidas a las que hay que dar forma individual en cada país, igual que ha hecho en Alemania la red Autorenrechte con un catálogo de 12 medidas. Entre ellas, fondos para actividades online, para el fomento de la lectura, para actividades escolares, pero también ideas para un fondo de retorno, tales como “Ningún niño sin libro”.

En Alemania, mantenemos un optimismo contenido: hasta ahora no ha habido una compensación a la medida de nuestras pérdidas, en el paquete de reactivación de la cultura preparado por el Gobierno solo hay una suma de un dígito en millones dedicados al sector del libro, y ha de ser invertida en infraestructura, empresas y promoción indirecta.

Deseamos señales más claras a favor de las fuentes, de quienes están en el origen de toda la cadena de valor del libro: autores y traductores.

Por eso, a la pregunta: ¿Tienen aún los libros un futuro?, yo quiero responder con otra pregunta: ¿Tiene futuro un futuro sin libros?

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