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Concha Cardeñoso recibió el XIII Premio de Traducción Esther Benítez

por Redacción ACE

© PAULA ZUMALACÁRREGUI MARTÍNEZ

El pasado sábado, 1 de diciembre de 2018, la traductora Concha Cardeñoso Sáenz de Miera recibió de manos de Carlos Fortea, presidente de la Sección Autónoma de Traductores de Libros de la Asociación Colegial de Escritores, el XIII Premio de Traducción Esther Benítez, que conceden con sus votos los socios de ACE Traductores. El acto de entrega tuvo lugar en la sede de la asociación, situada en la Casa del Lector, en el complejo Matadero Madrid, y estuvo concurrido por un nutrido grupo de traductores, familiares y amigos de la traductora galardonada, que obtuvo el premio por su traducción de Mi prima Rachel, de la escritora británica Daphne Du Maurier, publicada por Alba Editorial. Como todos los años, asistió Mauro Hernández, hijo de Esther Benítez.

Carlos Fortea hace entrega del premio a la traductora de «MI prima Rachel»

Al recoger el premio, Concha Cardeñoso no dejó pasar la ocasión de recordar a Esther Benítez Eiroa, cofundadora y presidenta de ACE Traductores, en cuya memoria se creó en 2006 el premio homónimo. Esther Benítez fue una traductora clave para las letras italianas y francesas en nuestro país, pero la especial relevancia de su figura reside en su continua lucha por la reivindicación de la profesión. Esther Benítez batalló por el reconocimiento de los derechos de propiedad intelectual del traductor, por la normalización de las tarifas y contratos y por la concienciación pública de la importancia de su trabajo, aunque, como la premiada matizó, «no luchó sola». Concha insistió en la necesidad de seguir su ejemplo y continuar peleando por que se respeten los derechos adquiridos, para evitar que la LPI quede «en papel mojado».

De izquierda a derecha, Carlos Fortea, Concha Cardeñosa y Luis Magrinyá

Cardeñoso dio también las gracias a los colegas cuyos votos dan sentido al Premio Esther Benítez y reservó unas palabras para las tres compañeras finalistas: Maia Figueroa, Pepa Linares y Carmen Montes.

Después de la intervención de Concha, Luis Magrinyà, editor de Alba, dedicó unas palabras a hablar de su relación profesional con la traductora premiada. Alabó su capacidad para «hacer que lo difícil parezca fácil» y para traducir a los clásicos con naturalidad, sin que el lenguaje suene acartonado o arcaizante. Para terminar, traductora y editor leyeron algunos fragmentos de la traducción galardonada y salpicaron la lectura con reflexiones sobre la vida y la obra de Daphne Du Maurier.

Los asistentes pudieron adquirir in situ un ejemplar de Mi prima Rachel gracias a la colaboración de la librería Lé, que, a petición de la editorial, estuvo vendiendo el libro premiado antes y después de la entrega del premio.

Carlos Fortea, presidente de ACE Traductores, aprovechó su intervención inaugural para repasar los logros cosechados por la Sección Autónoma a lo largo de este año que se acerca a su fin. Destacó el aumento de la asistencia de los traductores —tanto socios como no socios— a las distintas actividades organizadas en los meses anteriores y que incluyen desde reuniones informales o sendos clubes de lectura traducida en Madrid y Barcelona hasta la última edición de El Ojo de Polisemo, un encuentro de carácter anual e itinerante que se creó para salvar la brecha que suele existir entre el mundo universitario y el mundo profesional y que en 2018, en Murcia, batió récords de asistencia, o el II Encuentro Profesional de la Traducción Editorial, que el pasado octubre reunió en Málaga en torno a 90 personas. También se congratuló por la excelente acogida que ha tenido el programa piloto de mentorías coordinado por Clara Ministral, Ana Flecha y Carlos Mayor, que ha propiciado la colaboración entre 27 traductores veteranos y 27 noveles y que se está desarrollando en la actualidad. Además, hizo hincapié en la excelente relación que mantienen desde hace varios años las juntas de la Asociación Colegial de Escritores, representada en el acto por su presidente, Manuel Rico,  y de ACE Traductores y avanzó la futurible creación en Soria de una Casa de las Letras que albergaría a autores de todo tipo, incluidos, por supuesto, los traductores.

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