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Marina Izquierdo o la lírica tenacidad: evocación de una creadora

por Redacción ACE

© MANUEL QUIROGA CLÉRIGO

Marina Izquierdo fue finalista del III Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” de Salamanca por su poemario La mitad silenciada, publicado por la editorial Lastura y finalista del Premio de Poesía “Gastón Baquero” con La vida en los márgenes. Participó en el XIX Encuentro de Poetas Iberoamericanos en el marco de la Fundación Salamanca, Ciudad de Saberes. En los anales de aquella participación de la escritora, profesora y poeta nos ha quedado un hermoso poema titulado, precisamente, “Soy mujer”, una de las afirmaciones por las cuales ha trabajado la autora: “Soy mujer y me distraigo/me distraes, nos distraemos. / Tu comida, su examen/nuestro huerto./Soy mujer y me pierdo, / me pierdes, nos perdemos. / Tus luchas, su guerras. / La revolución que finges/hacer/también, mía. / Soy mujer y me despierto. / Atrás el sueño/atávico/de tus milenios. / Ni banderas, ni logos. / Ya no me atrapará el fogón de las trincheras. / Ni consignas ni promesas./Ya no coseré tu disfraz de patriarcado”.

 Valenciana, viajera, habitante del mundo era una escritora libre, consistente, perfecta dueña de una lírica tenacidad capaz de poner sobre el tapete el valor de la mujer como creadora,  soñadora, como laboriosa ciudadana.

En La mitad silenciada, la mujer, esa parte importante del mundo tantas veces despreciada, sitiada por fanatismos y violencias, es la protagonista. Marina Izquierdo, en este libro y en otras obras, conferencias, comparecencias universitarias, no habla de sí misma, pues se siente hija, madre, esposa, compañera, mujer en un autobús, parte importante de un mundo a la deriva donde las armas, la prepotencia del varón y determinadas religiones se erigen en defensores de un universo masculino con total desprecio a todo lo demás, o sea  a la mujer. Marina Izquierdo. Mujeres fuertes es una obra de teatro también publicada por Lastura donde siendo Gloria Fuertes y su simbólica figura de conmovedor espíritu lucha es, también, un amable alegato en favor del género femenino. Siendo una obra apta para ser disfrutada por mujeres y hombres de 0 a 99 años, y que ha sido representada con fervorosa acogida en varias ocasiones, se convierte en un testamento literario de su autora quien opinaba que la mujer y la literatura son capaces de reescribir la historia. Y lo hacen precisamente a través de obras tan magnas como las de Miguel de Cervantes o aquellas féminas que lucharon, y siguen luchando, por implantar sus ideas sin crear ningún enfrentamiento con el mundo de los varones que, sin ningún menosprecio, saben apreciar y compartir.

Licenciada en Filología y Ciencias de la Información, Marina Izquierdo ha sido una mujer activa, casi incandescente, esforzada, laboriosa. Ha sido profesora o ha dado conferencias en instituciones tan prestigiosas como el Queen Sophia University, la Columbia University y el Manhattanville College de Nueva York, en la Universidad de Malta, en e Instituto Cervantes; ha formado parte de la Plataforma de Mujeres Escritoras del Mediterráneo y nos ha dejado frases tan sonoras como “Para que haya un cambio la mujer tiene tomar conciencia”. Fue directora de diversos gabinetes de comunicación en España y en Nicaragua, una muestra más de su trabajo perpetuo en pro del diálogo y la capacidad de establecer vínculos en un mundo abierto a todas las opiniones.

Su lucha contra la discriminación y la ignorancia, contra la incultura en suma, la han convertido en un referente a tener en cuenta, por lo que su nombre engrosará, sin duda, la relación de mujeres que, casi yendo por libre, son capaces de ser reconocidas como luchadoras que sin gritar, sin lamentarse, han sabido sacar a la luz unos valores que durante años han sido ocultados cuando no pisoteados, tergiversados o ignorados: los valores de la mujer como ser decisivo para conseguir un planeta más digno.

Marina Izquierdo, como narradora, fue finalista del XVII Premio Ana María Matute de Narrativa para Mujeres con un delicado texto titulado Té o café, lo cual se conformaba de una manera poética con su participación en tertulias, programas de radio o docencia, dando a su voz una expresión agradable, convincente y de gran potencia expresiva.

Nacida en 1966, su fallecimiento en Miami a la edad de 52 años que suponía un momento de continua experiencia creadora, deja un importante vacío en esta lucha por pretender una hermandad en el mundo de las letras donde la mujer, dentro de su parcela, sea capaz de mantener los adecuados criterios para lograr la convivencia con los  varones, no considerados oponentes sino partícipes de una misma ilusión por alcanzar un futuro verdaderamente común.

En una entrevista el poeta chileno Gonzalo Rojas nos dijo textualmente: “La mujer es la vida eterna”. Marina Izquierdo seguirá siendo un referente para escritoras y escritoras, para poetas de toda índole como un eslabón que desde su desgraciada desaparición nos une con el futuro de la creación, de la poesía, de la eternidad,

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