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IV Congreso Escribir para niños y jóvenes

por ACE Comunicación

© PILAR LOZANO CARBAYO
Directora del IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes.


Voces de la LIJ

Las mesas del IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes constituyen un recorrido por algunas de las cuestiones esenciales que hoy atraviesan la literatura infantil y juvenil. Escritores, ilustradores, editores, bibliotecarios, docentes y mediadores de lectura comparten aquí experiencias, inquietudes y perspectivas complementarias sobre la creación literaria, la formación de lectores y los desafíos de un sector en constante transformación.

Los textos que acompañan a cada vídeo no pretenden sustituir la riqueza de las intervenciones, sino ofrecer al espectador una breve guía para situar el tema de cada conversación, comprender su hilo conductor y descubrir las principales cuestiones que se plantean en ella.

Esperamos que estas presentaciones sirvan de invitación a escuchar las voces del Congreso y contribuyan a prolongar un diálogo que continúa plenamente abierto. Porque la literatura infantil y juvenil no es sólo un ámbito de creación y de estudio: es también un espacio de encuentro desde el que imaginar, comprender y transmitir el mundo a las generaciones futuras.

Presentación: La literatura como experiencia humana

El IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes se abre con una sesión que va mucho más allá de una inauguración institucional. Desde las palabras de bienvenida hasta la conferencia de Gustavo Martín Garzo, esta primera mesa plantea las preguntas clave que recorrerán todo el Congreso: qué significa escribir para niños y jóvenes, cuál es el lugar de la literatura en la formación de los lectores y por qué las historias siguen siendo necesarias en una sociedad sometida a la velocidad, la sobreinformación y el cambio constante.

La jornada comienza con la bienvenida de la Biblioteca Pública Elena Fortún, anfitriona del encuentro, y con la intervención de los organizadores, que presentan el Congreso como un espacio de reflexión compartida entre escritores, ilustradores, editores, docentes, bibliotecarios, mediadores de lectura y profesionales del libro. Frente a una visión reduccionista de la literatura infantil y juvenil, se reivindica aquí su importancia como una forma de creación literaria plenamente madura, capaz de contribuir al desarrollo de la imaginación, el pensamiento crítico y la educación emocional de los futuros lectores.

Las intervenciones institucionales incorporan, además, una reflexión sobre algunos de los grandes desafíos actuales del mundo del libro. Jorge Corrales, director general de CEDRO, recuerda que escritores e ilustradores no crean simplemente productos, sino obras capaces de abrir el pensamiento crítico y de contribuir a una sociedad más culta y más libre, al tiempo que reivindica el valor de la lectura como un espacio de pausa y crecimiento personal.

En la misma línea, Manuel Rico, presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España, sitúa la defensa de la propiedad intelectual y de la creatividad humana entre los grandes retos de nuestro tiempo. Su llamada a garantizar la autorización, la remuneración y la transparencia en el uso de las obras protegidas, especialmente ante el desarrollo de la inteligencia artificial generativa, subraya que proteger los derechos de autor significa también proteger el futuro de la creación literaria.

Uno de los momentos más singulares de esta sesión inaugural llega con la intervención de Carmen Machuca, una lectora de catorce años invitada a representar la voz de quienes constituyen la razón última de todo el Congreso: los propios lectores. Con una sorprendente madurez, Carmen Machuca comparte su experiencia personal con los libros y ofrece una mirada llena de inteligencia y sensibilidad sobre la lectura. Habla del poder de la imaginación, de la importancia de las ilustraciones, de la emoción que producen las historias y de la necesidad de que los autores escriban con autenticidad, sin intentar satisfacer expectativas ajenas. Su intervención recuerda que los libros encuentran siempre a sus lectores cuando nacen de una verdadera pasión por contar.

La conferencia inaugural de Gustavo Martín Garzo amplía estas reflexiones y sitúa la literatura en un horizonte profundamente humanista. A través de referencias a Fernando Pessoa, Antonio Machado, Ana María Matute, Peter Pan, los cuentos tradicionales y numerosos mitos universales, el escritor propone una visión de la literatura como una forma de conocimiento distinta de cualquier otra. Leer no significa únicamente adquirir información, sino entrar en contacto con ese territorio donde conviven la memoria, la imaginación, el deseo, el misterio y las preguntas esenciales de la existencia. La infancia aparece aquí no como una etapa que debe superarse, sino como un lugar de la experiencia humana cuya capacidad de asombro merece ser preservada durante toda la vida.

Lejos de entender los cuentos como simples instrumentos pedagógicos, Martín Garzo reivindica su dimensión simbólica y emocional. Las historias no ofrecen respuestas cerradas ni moralejas fáciles; preparan al lector para afrontar la complejidad de la vida, le ayudan a reconocer sus miedos, sus deseos y sus incertidumbres, y le permiten acceder a un lenguaje capaz de nombrar aquello que las palabras cotidianas apenas alcanzan a expresar. Desde esa perspectiva, la literatura se convierte en un espacio de encuentro con uno mismo y con los demás.

Esta primera mesa plantea las preguntas fundamentales que acompañarán todas las sesiones posteriores: qué esperamos de los libros, cómo se forman los lectores, cómo proteger la creación literaria y qué responsabilidad compartimos quienes escribimos, ilustramos, editamos, enseñamos, recomendamos o simplemente amamos la literatura infantil y juvenil. Desde la defensa de la imaginación hasta la defensa de los derechos de autor, todas las intervenciones convergen en una misma convicción: la literatura constituye un bien cultural que merece ser cuidado entre todos.

Una conversación imprescindible para comprender que los libros no solo transmiten historias: también ayudan a construir la mirada con la que cada generación aprende a entender el mundo.

Mesa de debate. ¿Para quién escribimos?

Una de las preguntas más sencillas de formular suele ser también una de las más difíciles de responder. ¿Para quién escribe un autor de literatura infantil y juvenil? ¿Para el niño que fue? ¿Para los lectores de hoy? ¿Para los adultos que seleccionan los libros? ¿Para sí mismo? ¿O, simplemente, para la historia que necesita contar?

Esta mesa del IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes reúne a Santiago García-Clairac, Rafael Salmerón, Magalí Guerrero y Pablo G. Reyna para reflexionar sobre una cuestión que acompaña a todo escritor y que, lejos de admitir una respuesta única, revela la complejidad del acto de escribir.

A partir de sus propias experiencias, los participantes muestran que cada libro nace de una motivación distinta. Hay historias que responden a una necesidad íntima, otras que buscan comprender una emoción, otras que desean dialogar con determinados lectores y otras que surgen incluso como respuesta a un encargo editorial. Para el autor Santiago García-Clairac, escribir significa, ante todo, construir una aventura capaz de despertar la imaginación y de confiar plenamente en la inteligencia del lector; esa confianza atraviesa toda la conversación y recuerda que la buena literatura nunca subestima a quien la recibe.

La conversación incorpora también la mirada de quienes trabajan diariamente con los lectores. Magalí Guerrero, responsable de Los pequeños gigantes de la lectura, aporta una perspectiva especialmente valiosa al recordar que, en realidad, son los propios niños quienes terminan encontrando los libros que necesitan. Cada lector establece una relación única con las historias y descubre, en distintos momentos de su crecimiento, aquellos textos capaces de emocionarle, hacerle pensar o acompañarle en una determinada etapa de su vida. La lectura aparece así como un encuentro, más que como una prescripción.

Uno de los aspectos más interesantes de la mesa es la reflexión sobre la evolución de los lectores y de la propia sociedad. Los participantes dialogan sobre los cambios en los hábitos de lectura, el vocabulario, el papel de la escuela, la influencia del mercado editorial y las transformaciones que han experimentado los niños y jóvenes durante las últimas décadas. Rafael Salmerón subraya, desde su propia experiencia como autor y lector, que escribir exige escuchar los cambios de cada generación sin renunciar a la autenticidad de la propia voz, porque sólo los libros escritos con verdad consiguen establecer un vínculo duradero con sus lectores.

Especialmente sugerente resulta la discusión en torno a la conocida expresión «escribir para el niño que llevamos dentro». Frente a una fórmula repetida con frecuencia, los ponentes matizan su significado y proponen una visión más amplia: la literatura infantil y juvenil no constituye un género menor ni una literatura destinada exclusivamente a la infancia, sino un espacio donde confluyen la memoria personal, la imaginación, la experiencia adulta y el deseo de compartir una historia con otros. El verdadero destinatario no es una categoría abstracta, sino cada lector concreto que, en algún momento, hace suyo un libro.

La conversación aborda igualmente la relación entre creación artística y mercado editorial. ¿Es posible escribir por encargo sin perder autenticidad? ¿Cómo conviven las necesidades comerciales con la libertad creativa? ¿Qué papel desempeñan los editores, las colecciones y los mediadores en la construcción del catálogo que finalmente llega a los lectores? En este punto, Pablo G. Reyna reivindica el papel del editor y de los mediadores como compañeros de viaje del autor, capaces de ayudar a que cada obra encuentre el contexto y los lectores que realmente le corresponden. Las respuestas, diversas y complementarias, muestran la complejidad del ecosistema del libro y la variedad de caminos que puede seguir una obra antes de encontrar a su público.

A lo largo de toda la sesión emerge una idea compartida: escribir para niños y jóvenes exige una profunda confianza en la inteligencia del lector. Lejos de simplificar la realidad, la buena literatura invita a descubrirla con mayor profundidad, amplía el lenguaje con el que interpretamos el mundo y ofrece nuevas formas de comprender la experiencia humana. Los participantes coinciden en que la calidad literaria y el respeto por el lector constituyen principios irrenunciables, cualquiera que sea la edad de quien abre un libro.

Esta mesa ofrece, en definitiva, una conversación rica, abierta y llena de matices sobre uno de los interrogantes esenciales de la creación literaria. Más que responder de manera concluyente a la pregunta que le da título, invita a comprender que cada libro encuentra su sentido en el encuentro irrepetible entre un autor, una historia y un lector dispuesto a dejarse transformar por ella.

Mesa de debate. ¿Creamos o enseñamos?

La literatura infantil y juvenil ha convivido desde sus orígenes con una pregunta que sigue plenamente vigente: ¿cuál es su verdadera finalidad? ¿Debe entretener? ¿Educar? ¿Transmitir valores? ¿Contribuir a la formación de los lectores? ¿O su única obligación consiste en ser, sencillamente, buena literatura?

Partiendo de este interrogante, la tercera mesa del IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes reúne a Gustavo Puerta Leisse, Mónica Rodríguez y Belén Gaudes, bajo la moderación de Ana Rossetti, para abordar uno de los debates más complejos y apasionantes de la literatura destinada a la infancia y la juventud. Desde el primer momento, la moderación de Ana Rossetti sitúa la conversación en el terreno de las preguntas de fondo, invitando a superar respuestas simples y a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la creación literaria.

Desde el inicio del diálogo aparece una idea compartida: la literatura no puede reducirse a una función única. Un buen libro emociona, entretiene, hace pensar, ayuda a comprender la realidad y, al mismo tiempo, abre preguntas que acompañan al lector mucho después de haber cerrado sus páginas. El problema surge cuando alguno de esos objetivos termina imponiéndose sobre los demás y la literatura deja de ser una experiencia artística para convertirse únicamente en un instrumento didáctico, comercial o ideológico. La calidad literaria, la honestidad creativa y el respeto por la inteligencia del lector se presentan así como principios irrenunciables.

Gustavo Puerta Leisse abre el debate cuestionando una oposición demasiado frecuente entre creación y educación. Más que elegir entre una u otra, propone desplazar la mirada hacia quien con demasiada frecuencia queda relegado a un segundo plano: el niño como verdadero lector. Su intervención invita a recordar que la literatura infantil sólo adquiere pleno sentido cuando se contempla desde la experiencia, la libertad y la inteligencia de quienes la leen.

Uno de los aspectos más estimulantes de la mesa es la reflexión sobre el lugar que ocupa el niño dentro del proceso de creación. Los participantes cuestionan una visión excesivamente centrada en los adultos —ya sean escritores, docentes, editores o mediadores— y recuerdan que toda obra encuentra finalmente su sentido en el encuentro con un lector concreto. Escuchar a la infancia, comprender sus intereses y reconocer su capacidad para interpretar la complejidad del mundo constituye una condición imprescindible para cualquier literatura que aspire a perdurar.

Mónica Rodríguez defiende, desde la experiencia de la escritura, la autonomía de la literatura frente a cualquier finalidad exclusivamente pedagógica o comercial. Un libro puede emocionar, acompañar o incluso enseñar, pero sólo lo consigue plenamente cuando nace de una auténtica necesidad de creación y mantiene intacta su exigencia artística.

La conversación se amplía hacia cuestiones que afectan de manera directa al panorama editorial contemporáneo. El peso del mercado, la presión de las modas, la rápida rotación de las novedades, la influencia de las redes sociales, el auge de determinados fenómenos comerciales y las dificultades que afrontan las pequeñas editoriales sirven para dibujar un escenario tan dinámico como exigente. Frente a esa realidad, se reivindica el valor del catálogo, de la edición comprometida, de las librerías independientes y de quienes continúan apostando por libros capaces de resistir el paso del tiempo más allá de las tendencias del momento.

Belén Gaudes aporta una mirada especialmente vinculada a la mediación y a la experiencia cotidiana de las familias y de los lectores. Su intervención recuerda que formar lectores no consiste en imponer itinerarios, sino en acompañar con sensibilidad, ofrecer libros diversos y confiar en la capacidad de cada niño para construir su propia relación con la literatura.

Especial interés despierta el debate sobre la lectura en la escuela y la relación entre literatura y educación. Los participantes coinciden en señalar que los libros no deberían convertirse únicamente en objetos de evaluación ni quedar reducidos a una herramienta para transmitir contenidos. La lectura constituye, ante todo, una experiencia de descubrimiento, una forma de ampliar la mirada y una oportunidad para explorar la complejidad de la condición humana. Desde esa perspectiva, el aula, la biblioteca y la familia aparecen como espacios complementarios en la formación de lectores capaces de disfrutar, interpretar y cuestionar los textos con libertad.

A lo largo de la conversación surgen también cuestiones de gran actualidad: la simplificación del lenguaje, los cambios en los hábitos lectores, la presencia creciente de las pantallas, el valor de los clásicos, la necesidad de ofrecer una mayor diversidad de géneros y la importancia de construir un patrimonio literario que acompañe a los lectores durante toda su vida. Lejos de cualquier visión pesimista, el debate pone de manifiesto la vitalidad de un sector que continúa interrogándose sobre su responsabilidad cultural y educativa.

Más allá de las diferencias de enfoque que enriquecen la mesa, emerge una convicción compartida: la buena literatura infantil y juvenil no impone respuestas, sino que abre caminos. Crea, enseña y acompaña al mismo tiempo. Invita a pensar, despierta la imaginación y ayuda a comprender el mundo sin renunciar nunca a su naturaleza literaria.

Esta sesión ofrece una reflexión valiosa para escritores, docentes, bibliotecarios, editores, mediadores de lectura y para todos aquellos que consideran que la literatura infantil y juvenil constituye mucho más que un género editorial: un espacio privilegiado donde se forma la sensibilidad, la imaginación y el pensamiento de las generaciones futuras.

Mesa de debate. ¿Seguimos las modas?

La literatura infantil y juvenil se desarrolla en un mercado en constante transformación, donde las tendencias editoriales, las redes sociales, los fenómenos de ventas y los cambios en los hábitos lectores parecen sucederse a gran velocidad. Pero ¿hasta qué punto deben autores y editores seguir esas modas? ¿Es posible construir un catálogo con personalidad propia sin perder de vista las demandas del mercado? ¿Cómo conviven la calidad literaria, la viabilidad económica y el compromiso cultural?

Éstas son las preguntas que articulan la cuarta mesa del IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes, moderada por Paloma González Rubio y protagonizada por Begoña Oro, Diego Moreno y José Luis del Río Fortich. Desde el comienzo, la moderadora amplía el horizonte del debate recordando que las modas no son un fenómeno nuevo, sino una constante en la historia de la literatura. Lo verdaderamente relevante no es su existencia, sino la manera en que escritores y editores deciden relacionarse con ellas.

La conversación comienza cuestionando una percepción habitual: cada generación ha tenido sus series de éxito, sus personajes inolvidables y sus grandes superventas. La diferencia radica hoy en la velocidad con que nacen y desaparecen las tendencias y en la influencia que ejercen nuevos espacios de prescripción como las redes sociales, las plataformas digitales y las comunidades de lectores.

A partir de ahí, el diálogo se desplaza hacia una cuestión esencial: la construcción del catálogo editorial. Diego Moreno reivindica la figura del editor como creador de un proyecto cultural que no puede limitarse a perseguir el éxito inmediato. Editar significa seleccionar, asumir riesgos y mantener una identidad reconocible a lo largo del tiempo. Para las editoriales independientes, esa coherencia constituye precisamente su mayor fortaleza frente a la lógica de la producción masiva.

Uno de los aspectos más sugerentes de la mesa es la reflexión sobre el libro como objeto cultural. La ilustración, el diseño gráfico, la calidad de los materiales, la encuadernación y el cuidado estético dejan de ser elementos accesorios para convertirse en parte esencial de la experiencia lectora. Los participantes coinciden en reivindicar el trabajo de ilustradores y diseñadores como auténticos creadores y subrayan que la dimensión visual forma parte inseparable del significado de muchas obras.

Desde la experiencia de la creación literaria, Begoña Oro recuerda que el verdadero éxito de un libro no puede medirse únicamente por las cifras de ventas. Muchas de sus obras nacieron en circunstancias muy distintas —unas por encargo editorial y otras desde una experiencia profundamente personal—, pero todas comparten una misma convicción: la literatura sólo perdura cuando nace de una necesidad auténtica de contar y consigue establecer un vínculo emocional con sus lectores.

El diálogo aborda igualmente la complejidad del ecosistema editorial. La distribución, la visibilidad en las librerías, la presión constante de las novedades y la dificultad para mantener vivos los catálogos dibujan un panorama especialmente exigente para las editoriales independientes. José Luis del Río Fortich aporta una visión muy cercana a la realidad cotidiana del editor: escuchar las transformaciones del mercado resulta imprescindible, pero sólo tiene sentido si esa escucha se integra en un catálogo con identidad propia. La especialización, la presencia en ferias, el contacto directo con libreros, bibliotecas y lectores, así como la capacidad para descubrir nuevas tendencias antes de que se conviertan en fenómenos masivos, aparecen como algunas de las claves para abrirse camino sin renunciar a la personalidad del proyecto editorial.

Especial interés adquiere la reflexión sobre los llamados best sellers. Los participantes cuestionan la identificación automática entre éxito comercial y escasa calidad literaria, recordando que muchas obras fundamentales de la literatura infantil y juvenil han sido también grandes éxitos de ventas. Al mismo tiempo, ponen de manifiesto hasta qué punto el marketing, la distribución y las estrategias comerciales condicionan la visibilidad de los libros, sin sustituir nunca el verdadero criterio de permanencia: la capacidad de una obra para seguir encontrando lectores con el paso de los años.

La conversación se amplía hacia otros ámbitos igualmente significativos, como el crecimiento de la no ficción infantil, la renovación del libro informativo, la evolución del álbum ilustrado, la poesía, el teatro y la aparición de nuevos formatos híbridos que responden a los cambios en los intereses lectores. En todos estos casos emerge una idea compartida: innovar no consiste simplemente en seguir las modas, sino en ofrecer propuestas capaces de ampliar el horizonte cultural de quienes leen.

La intervención final del público incorpora una reflexión especialmente valiosa sobre el papel de las bibliotecas como espacios de mediación, descubrimiento y recomendación. Bibliotecarios, libreros, docentes y mediadores aparecen así como aliados imprescindibles de la edición independiente, capaces de mantener vivos los libros mucho más allá del breve ciclo de las novedades editoriales.

Esta mesa ofrece una visión amplia, realista y profundamente estimulante del mundo editorial contemporáneo. Más que responder de forma categórica a la pregunta que le da título, invita a comprender que las modas son inevitables, pero que la verdadera vocación de un editor consiste en construir un catálogo con personalidad, descubrir obras capaces de perdurar y acompañar a cada libro hasta que encuentre a sus lectores.

Clausura: La voz de los autores. Video Voces de la LIJ

La clausura del IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes elige un camino diferente: en lugar de cerrar el debate, abre una conversación nueva al conceder el protagonismo a quienes, paradójicamente, menos oportunidades tienen de expresar públicamente sus inquietudes: los propios autores de literatura infantil y juvenil.

El eje de esta sesión es la proyección de un vídeo coral en el que más de una veintena de escritores responden a una única pregunta: «¿Qué es lo que más te preocupa de la literatura infantil y juvenil?». Sin guion previo ni consignas comunes, cada participante aporta una reflexión personal sobre los retos que, desde su experiencia, considera más urgentes para el presente y el futuro de la creación literaria destinada a niños y jóvenes.

El resultado ofrece una imagen sorprendentemente amplia del sector. Lejos de concentrarse en una única reivindicación, las intervenciones dibujan un mapa de preocupaciones que abarca cuestiones muy diversas: el reconocimiento cultural de la literatura infantil y juvenil; la necesidad de fortalecer las bibliotecas escolares; la formación de lectores desde la familia; la escasa presencia de la LIJ en los medios de comunicación; el lugar de la poesía y del teatro; la presión de las modas editoriales; la autocensura; la irrupción de la inteligencia artificial; la visibilidad internacional de los autores españoles; la relación entre escritores y editores; la transparencia en las liquidaciones de derechos de autor; la representación de la diversidad; la educación sentimental de los jóvenes o la defensa de una literatura que no renuncie a su profundidad artística.

La riqueza del vídeo reside precisamente en esa pluralidad. No existe una voz única ni un diagnóstico compartido. Cada autor señala un aspecto distinto, pero, en conjunto, todas las intervenciones transmiten una misma convicción: la literatura infantil y juvenil constituye un espacio de creación plenamente maduro que merece ser escuchado con mayor atención dentro del panorama cultural.

Tras la proyección, el coloquio entre los asistentes prolonga estas reflexiones y aporta una dimensión especialmente significativa. Más allá de las preocupaciones expresadas, surge un debate sobre la necesidad de visibilizar la voz de los autores, favorecer el diálogo entre todos los agentes del libro —escritores, editores, libreros, bibliotecarios, docentes y mediadores— y generar espacios estables donde puedan compartirse tanto las dificultades como las experiencias de éxito. La clausura se convierte así en una reflexión sobre el propio Congreso y sobre el papel que encuentros como éste pueden desempeñar en la construcción de una comunidad profesional más cohesionada.

Esta sesión final transmite una idea especialmente valiosa: una literatura viva es también una literatura que se interroga a sí misma. Las preguntas formuladas por los autores expresan su compromiso con un ámbito creativo que continúa transformándose y que desea participar activamente en la construcción de su futuro.

De ese modo, la clausura no representa un punto final, sino una invitación a prolongar el diálogo iniciado durante el Congreso. Las cuestiones planteadas permanecen abiertas y comprometen por igual a escritores, ilustradores, editores, bibliotecarios, docentes, familias, instituciones y lectores. Porque la formación de nuevos lectores, la defensa de la creación literaria y el reconocimiento de la literatura infantil y juvenil como patrimonio cultural son responsabilidades compartidas que trascienden el ámbito profesional.

Con esta última sesión concluye el IV Congreso Escribir para Niños y Jóvenes, pero permanece viva la conversación que le ha dado sentido: una conversación construida desde la diversidad de voces, la pasión por los libros y la convicción de que las historias siguen siendo uno de los instrumentos más poderosos para comprender el mundo y transmitir la cultura de una generación a la siguiente.

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