Inicio Colaboraciones | Crítica Sobre el “Libro Blanco del Escritor”. Los escritores y escritoras, esos artistas del hambre

Sobre el “Libro Blanco del Escritor”. Los escritores y escritoras, esos artistas del hambre

por Redaccion ACE Esparcia Gil

© RAMÓN J. SORIA BREÑA (*)

De todos es sabido que los escritores no comemos. Somos una subespecie del sapiens sapiens scriptor, que necesita muy pocos alimentos para mantenerse con vida durante largo tiempo. Kafka escribió un olvidado cuento titulado Un artista del hambre que puede leerse como una metáfora del escritor medio, un tipo al que todos admiran por pasar muchos días dentro de una jaula sin comer hasta que al final la gente se cansa de la novedad y de sus proezas y le olvidan allí, en la jaula. Además la mayoría somos vegetarianos y con unas hojas de lechuga podemos ir tirando, como los grillos o la célebre cigarra de Esopo. Y los pocos carnívoros que hay en nuestra subespecie se contentan con el famoso caldo de carcasas de pollo y una alitas fritas. Por dos euros puede hacerse un primero y un segundo plato. Además como siempre estamos leyendo, imaginando o escribiendo se nos olvida con frecuencia esa estupidez de comer o de pagar las facturas.

Otra cosa bien sabida por todos es que escribir no cuesta demasiado a los escritores. Se sientan un rato y te escriben sin esfuerzo cualquier cosa, Guerra y paz o lo que se les ocurra, tienen esa facilidad, esa virtud innata, esa rareza como otros saben contar con gracia chistes de Lepe o interpretar la banda sonora de Tiburón tirándose pedos. Además toda la gente sabe también que ganan bastante dinero como Dan Brown o nuestro gran «Alatriste». Escriben un librito o dos y ya pueden vivir de las rentas. Y así todos, más o menos. Ganan mucho pero se lo gastan en whisky, viajes sospechosos y casonas en las afueras para hacerse los malditos, en torres de marfil antes, ahora en chalet adosados con chimenea.  Pero los escritores cuando se jubilan comen aún menos, se convierten en hombres y mujeres amojamados y ascéticos, sólo hay que ver las fotos, y se mantienen con un poco de orujo, un sopicaldo y las dos alitas fritas antes apuntadas hasta que les llene de gloria la posteridad.

Los datos de la encuesta realizada a una muestra representativa de escritores y escritoras españolas en el 2018 describen una situación desoladora. No hablamos de su creatividad, productividad o entusiasmo sino de los resultados económicos de su actividad productiva y del frecuente incumplimiento del mínimo marco legal vigente que defiende sus derechos. Si la punta de este triste iceberg fuera la de cualquier otro sector económico, los titulares de este estudio serían portada de diario, un escándalo social, carnaza de grandes reportajes de denuncia en todas las televisiones. Pero los escritores no importan mucho, se consideran poco necesarios, un lujo pintoresco, unos artistas privilegiados. La imagen social de su trabajo suele ser la de un tipo o una tipa que escribe bestseller como churros, recibe premios rumbosos, tiene un piquito de oro y oficia de tertuliano de lujo en alguna gatomaquia televisiva y todo el mundo le perdona sus boutades indocumentadas porque hacen gracia y quedan bien en la prensa. Además son los “creadores de la cultura”, aunque esa palabra tenga hoy una polisemia dudosa.

El 77% de los escritores y escritoras percibe menos de 1.000 euros al año en concepto de derechos de autor por la venta de sus libros

Porque sobre este sector también se impuso la falsa imagen social de la “cultura del pelotazo”, como si escribir costase “poco trabajo y poco tiempo”, el éxito fuera una cosa similar al bonoloto o a anunciar con insistencia una fabada de lata, con fichajes editoriales remojados siempre con champan y caviar, con adelantos dinerarios “gastronómicos” y siempre con un película taquillera o mejor aún una serie de televisión derivada del libro. Pero la verdad del escritor profesional español es otra, la mayoría tiene ingresos brutos que le permiten incluirse en el cada vez más numeroso grupo del  “precariado”, el “mileurista” o el “lumpen-proletariat” que debe complementar sus irregulares ingresos con otras actividades para seguir tirando porque muy pocos pueden dedicarse solo a escribir y vivir de esa actividad. A estas alturas del siglo XXI, en un país desarrollado de la U.E. vemos que la protección legal del escritor se mantiene en el papel mojado de la ley pero no en la letra pequeña y aburrida de los reales contratos de edición que se firman todos los días. Son frecuentes los incumplimientos de la Ley de Propiedad Intelectual tanto en ese mal redactado contrato como en la retribución económica final y con una opacidad total sobre el itinerario comercial de su obra. Es inaudito que en este mundo del big-data, del control absoluto e inmediato de la información que genera un mercado cualquiera, los autores tengan tantas dificultades a la hora de conocer las ventas, devoluciones o stock de sus libros.

Son frecuentes los incumplimientos de la Ley de Propiedad Intelectual tanto en los mal redactados contratos como en la retribución económica final.

En el Libro  Blanco del Escritor, los datos lo muestran en todo su descarnado detalle Dos o tres pinceladas aquí son suficientes para deducir cual es la realidad. Por ejemplo que el 77% de los escritores y escritoras percibe menos de 1.000 euros al año en concepto de derechos de autor por la venta de sus libros. El 24% de escritores ha publicando libros sin contrato de edición y luego más de la mitad no reclamaron el citado documento. El 40% no recibe información de la editorial sobre la tirada. Si hay contrato firmado, en el 14% no se detalla el porcentaje de derechos de autor. El 40% no incluye en el contrato los derechos de la edición digital y el 80% no incluye derechos por uso audiovisual que es una cuestión económica fundamental hoy día. El 90% no tiene agente literario que defienda sus derechos. El 22% no ha recibido liquidación dineraria alguna por el libro publicado y se siguen firmando plazos de vigencia del contrato de 10 años que es un periodo larguísimo e impide al autor mover su obra en otra parte si ve que el editor no la comercializa como prometió o firmó.

El 24% de escritores ha publicando libros sin contrato de edición y luego más de la mitad no reclamaron el citado documento

Podemos echar la culpa a lo de siempre: alegar que el mercado editorial sigue en crisis, que se siguen leyendo y comprando pocos libros para los que se publican en España, que el pirateo no se persigue, que la globalización y la desregularización de los tradicionales acuerdos laborales colectivos nos han quitado derechos… pero es que los escritores y escritoras nunca hemos llegado a eso, seguimos viviendo una situación económica de facto propia del siglo XIX pero, como en ese siglo, comenzamos a darnos cuenta que la unión hace la fuerza. Además la historia más reciente y la realidad más rabiosa nos demuestra que escritores y escritoras de éxito y buenos derechos cobrados pueden pasar en pocos años a facturar nada. Nuestra carrera profesional no es una previsible curva ascendente como en la mayoría de los trabajos sino una sierra dentada con entusiásticos picos económicos pero también con abismos de cruda pobreza. Los 22.000 asociados y asociadas a CEDRO y los 2.000 socios y socias de ACE se han unido para que deje de haber kafkianos artistas del hambre o jubilados multados por seguir escribiendo o habituales contratos de edición irregulares o ilegales. Como dijo ya el clásico: “sí se puede”.

(*) Autor del informe «La situación profesional de los escritores y las escritoras – 2018»


 

Ramón J. Soria Breña nació en Jarandilla de la Vera, España, en 1965. Es escritor y sociólogo. Premio Extraordinario de Investigación de la Universidad Complutense. Postgraduado en Praxis de la Sociología del Consumo por la U.C.M. Profesor en THEORIA | Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Philosophie et Sciences Sociales. Director área NTIC y Marcas en la Web en Attitude Research & Consulting.

Colaborador de: CTXT.es Sección Gastrología; Entretanto Magazine: Sección Paraísos Glotones; Revista Gastronomía alternativa.
Protagonizó el documental El hombre que estaba allí (2014) sobre la vida de Manuel Chaves Nogales y colaboró en el guion de la película A tu vera (2018).
Ha publicado el libro de relatos Los dientes del corazón (2015) y las novelas Los últimos hijos del lince (2010) y Salsa de Olvido (2018), con la que obtuvo el Premio Nacional de Novela Ciudad de Salamanca 2017.
Tiene un blog de gastronomía, de “recetas noveladas: Gastropitecus Glotón, que fueron publicadas en Los dientes del corazón (2014).

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